Más tarde, Jesy quiso ir a lo de su amiga y solo tuvo que pensarlo para que el Falcon 62 la llevara hasta esa casa. Un rato después, Jesy y sus amigas paseaban en el auto mágico por toda la ciudad.
Un día Jesy se despertó con muchas ganas de hacer un viaje muy muy largo. Entonces apenas se subió al auto pensó en México.
Cuando llegó a Jujuy quedó maravillada con las hermosas montañas de colores y los enormes salitres. El Falcon llegó a Bolivia y descansó a orillas del lago Titicaca. Desde allí, Jesy fue a recorrer las ruinas de Machu Pichu en Perú. Ya estaba cerca de su destino final que era México.
Al Falcon se lo escuchaba Feliz, su motor rugía con mucha potencia y a la vez sonaba afinado como un violín.
En pocos días, Jesy y su auto llegaron a México después de haber pasado por Ecuador, Colombia, Panamá, Nicaragua y Guatemala.
En México visitaron el castillo de Chichen Itzá, la ciudad de Uxmal y terminaron el viaje en el vecindario del Chavo del Ocho, que ahora se había convertido en un hotel de lujo.
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