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WHITEMAN: el héroe de pelo blanco. Autores (Moisés, Tobías, Facundo y Adair) Ilustraciones (Leandro Sirio)

 Capítulo I: el baile de las reses

El camión se había quedado sin frenos justo cuando empezaba a bajar por una calle barranca abajo. El chofer se paró con los dos pies sobre el freno, pero de todos modos seguía avanzando cada vez con mayor velocidad. En la caja, las medias reses se movían como si bailaran el rock. 

Más adelante había una plaza llena de gente, y el camión se dirigía hacia allí sin esperanza de poder frenar. Ya casi llegando al parque, la gente comenzó a gritar porque advertían que el camión iba a estrellarse sin remedio, solo quedaba que cada uno corriera por su vida. 

Lo que nadie esperaba sucedió. Whiteman se paró frente al camión y esperó el golpe. Apenas lo tocó, clavó sus manos en la parrilla y mientras era arrastrado, sus pies levantaban el pavimento para todos lados. 



A pocos metros de la plaza, Whiteman detuvo al camión, y una gran algarabía estalló entre la gente. El superhéroe lo había logrado de nuevo. El lugar se llenó de curiosos, y mientras algunos se sacaban selfis con el poderoso Whiteman, el chofer sacó una media res que regaló a la gente para festejar con un asado la hazaña del héroe de pelo blanco. 

Después de saludar a los vecinos, Whiteman se alejó del barrio con solo dos supersaltos. Todos aplaudían y vivaban al canoso con poderes, todos excepto una persona que miraba de lejos lo que ocurría, y sostenía en una mano un martillo para machacar milanesas desde el que goteaba líquido de freno del camión. 



Capítulo II: El machacador  

 

Tres meses atrás, Tito, el carnicero del barrio, estaba como todos los días machacando milanesas para el pedido de un vecino. Él amaba su oficio: experto en tiernizar milanesas; las señoras del barrio elogiaban lo rico que le salían, y era cierto. 

Mientras tanto, a pocas cuadras de su carnicería, un grupo de cuatro personas asaltaba el Banco de Ahorro e Inversión para intentar quedarse con un botín millonario. Cuando los maleantes estaban a punto de escapar, apareció Whiteman y les exigió que dejaran el dinero y se entregaran a la policía. 

Por supuesto que los ladrones no hicieron caso de las demandas de Whiteman, en cambio se subieron a un auto que acababan de robar, y empezó así una peligrosa persecución que incluía una fuerte balacera contra nuestro superhéroe.  

Al llegar justo frente a la carnicería de Tito, el auto de los delincuentes chocó contra el carro de un cartonero que salvó su vida porque estaba apilando cartones sobre la vereda. Al no poder seguir con la fuga, los ladrones se bajaron del auto decididos a acabar con el héroe de pelo blanco, y para eso le apuntaron con todas sus armas. Whiteman odia las balas porque le duelen mucho, por eso arrancó una de las puertas del auto robado y la usó como escudo. Las balas rebotaban en el metal, y Whiteman se dio cuenta de que eso era muy peligroso. 

Dentro de la carnicería, Tito seguía con su trabajo de machacar milanesas, levantaba su martillo lleno de pequeñas puntas y lo descargaba sobre los trozos de carne; cuando encontraba algún nervio, giraba el martillo y usaba el hacha filosa para deshacerse de él. No escuchó en ningún momento el tiroteo, seguramente por los golpes que daba sobre la mesada que sonaban tan fuertes como un disparo. 

Afuera, Whiteman apenas podía sostener tanta presión sobre su escudo, entonces retrocedió para cubrirse detrás del auto y así intentar otro plan para atrapar a los malhechores, pero algo salió mal y algunas balas rebotaron directo hacia la carnicería.










Ninguna bala le dio a Tito, pero sí impactaron sobre la estantería donde el carnicero guardaba todos sus martillos machacadores y, gracias a ello, cayeron sobre la cabeza de Tito, que lo último que vio antes de desmayarse fue el pelo blanco de Whiteman detrás de una puerta de auto. 


Capítulo III: ¡Te odio, Whitemaaaaan! 


Tito despertó en la habitación de un hospital. Enseguida recordó lo sucedido y le volvieron los dolores, sentía a los martillos machacadores que giraban alrededor de la cabeza. Un profundo odio empezó a crecerle para con nuestro héroe de pelo blanco. Tito no quería quedarse un minuto más encerrado en ese cuarto, entonces decidió escapar del hospital. Los médicos y enfermeros intentaron atraparlo, pero él, con una fuerza que desconocía los hizo volar por todas partes, y cuando ya no quedaba nadie por golpear, saltó por una ventana desde un tercer piso.  

Lo primero que hizo después de escapar fue ir a su carnicería. Allí empezó a machacar milanesas con sus dos manos y con mucha bronca se golpeó el pecho con dos tiernizadores de milanesas manchados con sangre al mismo tiempo que gritaba: ¡Te odio, Whitemaaaan! 

Después de achicharrar a golpes a todas las milanesas que tenía en la heladera, Tito se tranquilizó, pero en su cabeza crecía más y más algún plan para que Whiteman pagara lo que le había hecho. 

 

Al final Tito, que ahora se hacía llamar el Machacador, decidió eliminar a Whiteman, y para ello ideó un plan siniestro: 

Tito sabía que el camión de reparto de carne siempre pasaba por la calle que termina en la plaza, y por eso se le ocurrió atraer a Whiteman poniendo en peligro a la gente que estuviera allí. Mientras el chofer descargaba en una carnicería sobre aquella calle, Tito, alias el Machacador, cortó, con su poderoso martillo tiernizador, el freno del vehículo. 

Pero las cosas no salieron como el Machacador esperaba; el desastre nunca llegó, Whiteman se presentó y con facilidad detuvo al enorme camión, y lo peor para Tito fue que todos terminaron aclamando al héroe y nadie salió lastimado, excepto por el Machacador que ahora su bronca se incrementaba más y más.


Capítulo IV: Una vaca al matadero 

 

Después de mucho investigar, el Machacador encontró la debilidad de Whiteman: el héroe no tolera los chinchulines. Resulta que, de chico, Whiteman se atragantó con un chinchulín cuando comía un asado en lo de sus abuelos; y es gracias a su nona, que le metió los dedos en la boca y le sacó el chinchulín, que hoy nuestro superhéroe está vivo. 

Para aprovecharse de esta debilidad, el Machacador preparó un plan siniestro que consistía en atraer a Whiteman hacia el matadero “de las vacas perdidas”, un lugar abandonado a varios kilómetros de la ciudad. Para lograr esto, el Machacador le mandó un mensaje a Whiteman que decía que estaba dispuesto a dialogar para terminar con toda esta pelea. 

Cuando el héroe recibió la nota se puso contento, porque en el fondo se sentía algo culpable por lo que le había pasado a Tito. Pero lo que no sabía era que se dirigía a una trampa mortal, estaba yendo como “una vaca al matadero”. 

 

Whiteman aterrizó con un supersalto justo a la entrada destruida del viejo matadero. En ningún momento creyó que estaba en peligro, aunque se le cruzaron pensamientos extraños. ¿Por qué lo había citado en un lugar tan particular? ¿No hubiera sido más fácil haberse encontrado en un bar para charlar con un café con leche y medialunas de por medio? Pero enseguida olvidó esas ideas y se puso a recorrer el viejo matadero. Cuando parecía que el Machacador no había concurrido al encuentro y cuando ya se estaba por retirar, Whiteman sintió de repente que algo se le enroscaba en el cuello, lo primero que pensó fue en una boa constrictora, esas serpientes que aprietan a su presa para después devorársela. Pero nunca se imaginó que lo que lo estaba atrapando era un largo y fuerte chinchulín. 

A Whiteman le vinieron horribles recuerdos, por eso se quedó paralizado. El Machacador aprovechó la ocasión y, con su habilidad de carnicero experto, enroscó el chinchulín alrededor de su cabeza para taparle la boca y los ojos, así, el Machacador tenía apresado a nuestro héroe de pelo blanco que estaba a punto de caer desmayado. 


Capítulo V: El final 


Con el último aliento, Whiteman pega un super salto que lo deja mal parado al Machacador y lo obliga a desenroscarle el chinchulín. El héroe aterriza sobre una de las vigas del techo y recupera el aire, pero el machacador no lo deja descansar y le arroja una lluvia de martillos machacadores. Whiteman, sin dudarlo, cruza sus brazos y los martillos rebotan en ellos. 



Ya sin paciencia, Whiteman arremete contra el machacador y de un golpe en el estómago lo tira sobre un montón de huesos vacunos. Algo confundido, el Machacador se levanta y, lleno de furia, corre como un toro a embestir al héroe, pero este lo esquiva y el villano choca contra una pared.  

- Basta, Tito, vos no sos así, dejame ayudarte. 

- ¿Ayudarme?, vos me convertiste en este monstruo, y este monstruo va a terminar con vos. 

Apenas dijo esto, el Machacador le arrojó un martillo y gracias a la rápida reacción de Whiteman, el filo de la herramienta tiernizadora le cortó solo una parte del cabello blanco.  

Whiteman estaba sorprendido por la violencia y la rabia que tenía Tito, y sabía que él había sido culpable de ello, por eso se le ocurrió resolver esto de la misma manera en que había comenzado. Su plan sería provocar al Machacador para que le arrojase nuevamente los tiernizadores de milanesas. 

Apenas el cabello de Whiteman tocó el piso, este se volvió a peinar con un gesto sobrador, suficiente para que el Machacador se pusiera rojo de furia y comenzara, otra vez, a tirarle martillos. Pero esta vez, el héroe de pelo blanco tenía un plan: hizo rebotar los martillos de tal manera que le cayeran como una lluvia suave sobre la cabeza del villano.  

Todo fue muy rápido, el Machacador estaba acostado entre martillos y restos de cráneos de vacas. Whiteman se acercó con dudas, no vaya a ser que sea un engaño del villano para contraatacar. De pronto, Tito abrió los ojos y Whiteman, del susto, se echó para atrás. 

- ¿Dónde estoy? ¿Qué pasó? 

Whiteman le dio la mano a Tito y lo ayudó a levantarse. Le contó todo lo que había sucedido en estos últimos días, de cómo se volvió un villano gracias a su error. Le pidió perdón a Tito y le dijo que a veces los superhéroes somos pura fuerza y que nos creemos más que el resto, pero después de todo lo que pasó, Whiteman prometió tener más cuidado a la hora de combatir al mal. 

Unos días más tarde, la gente se agolpaba en la carnicería de Tito, una cola entusiasta esperaba para llevarse su kilo de milanesas especiales. ¿Y por qué especiales?, porque detrás del mostrador, Whiteman, con velocidad extrema, machacaba milanesas que Tito empanaba y repartía a la gente. La carnicería de Tito volvió a ser la mejor carnicería del barrio, y Whiteman, un experto machacador. 




Comentarios

  1. Me re encanta este cuento y el que se llama Tobias se nota que re facha

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    Respuestas
    1. Muy buena,la historia y que suerte que hay alguien que proteja a la sociedad

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    2. Me gustó mucho hacerla fue algo muy divertido para mi

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  2. Genial la historia!!!!
    Da para mini serie

    Quiero leer como sigue!!!!

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  3. Felicitaciones escritores!!! Me encantó!!! espero con el próximo capítulo con gran ansiedad😃

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