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Hipnósis (por Ignacio Galera)

 


Después de la muerte de Beatriz decidí alejarme de Buenos Aires; desde ese entonces la siento como una ciudad trágica. Uno no puede olvidar al amor de su vida y mucho menos dejar su vida atrás. Agarré la fortuna que hice en el país y emprendí viaje.

          Me fui a vivir a Francia, allí tengo un amigo que se llama Pierre que me incorporo al servicio militar. Llevamos a cabo una campaña para agregar a Senegal como territorio colonial, gracias a una estrategia que consistía en el soborno a miembros de las familias reales. El resultado de esto fue la tala de árboles sagrados, además de saquear minerales y demás recursos.                

          Emprendimos otro viaje para participar de la inauguración de un puerto. Allí me mezclo entre la gente, compró algunas obras de arte de las tribus, máscaras y otras piezas exóticas. Me adelanto en la selva solo con mi machete y abro camino hasta donde ningún colono había alcanzado antes. Llego hasta una tribu. Sus miembros rodean una inmensa fogata de la que se desprende un humo negro y pesado. Una especie de cántico emana del grupo. Todos llevan máscaras y armas blancas. En ese momento me pareció una buena idea acercarme y así poder fotografiar el ritual para mostrárselo a la tropa. A medida que me acercó el humo me va envolviendo, se dificulta respirar el olor extraño que libera, me escabullo entre los altos pinos que rodean al bosque, y puedo ver que estoy cada vez más cerca. Trato de cubrirme la cara con la remera, pero no tiene efecto. Sentí que me desvanecía por momentos, pero mi terquedad pedía que continuara. Me escondo entre la hierba y logro capturar algunas fotos, pero al instante caigo dormido.

            Desperté en Buenos Aires, estoy en la cama con Beatriz la notó distante, no quiere hablar conmigo, esta de espaldas y parece enojada, rompo el hielo y le digo:

   -Te extrañe mucho, amor.

   -Yo no.

Sentí que se me derrumba el mundo. De inmediato ella se levanta, no voltea ni siquiera para mirarme y se va. Traté de frenarla, pero se esfumó como un espectro. En ese momento no priorice el dolor de haber perdido de nuevo a la mujer de mi vida, si no que entré en un shock. Decidí ir a un antro para beber hasta perder la conciencia y olvidar todo lo vivido. Pocas horas antes del alba, me fui para mi casa. En el camino comencé a delirar, la veía a Beatriz en todas partes que me recriminaba que toda la vida le había hecho lo mismo: engañarla y beber por las noches.

Me dijo:

   -Nuca me acompañaste en mi tratamiento.

   -Fui hijo de inmigrantes y el ejemplo que tuve en mi casa fue ese.

   -Siempre te resguardaste tras ese discurso, pero el karma se va encargar de cobrarte todo lo que me hiciste.

En ese instante se despertó una especie de furia natural: los árboles eran arrastrados por un viento tenaz y el alba salió de un color rojizo que se asemejaba al infierno. Mire a mi alrededor y las personas tienen sus caras retorcidas y actúan como homínidos.

             Ni bien abrí mis ojos, me vi atrapado en una especie de jaula hecha de cañas, atado de pies y manos, a mi alrededor había otros colonos. Todos caímos en la trampa. El humo de la fogata nos sumergió en una hipnosis y un sueño profundo. Escucho a integrantes de la tribu que hablan, pero ni yo ni mis compañeros comprendemos. Siento que planifican un ritual donde seremos sacrificados. En seguida se abre la puerta y un hombre enmascarado se acerca, y nos entrega a cada uno un recipiente que contenía una pasta hecha a base hierbas, no nos quedó otra opción que ingerirla. En pocos segundos caí desmayado, de vuelta me somete la misma hipnosis. Tengo visiones de un supuesto infierno: en el que me acechan mis miedos, mi pasado, las personas que lastimé. Me invade la oscuridad, pero todo esto quiere decir algo, hay cosas que debo revertir. No puedo aferrarme a lo que era si quiero sobrevivir, pensaba mientras alucinaba. Cuando por fin recobré la conciencia, pude ver que mis compañeros no estaban, se los habían llevado. A lo lejos se oían los gritos que provenían del ritual chamánico.Nos habían separado para que no pudiéramos escapar, y así cuando llegara el turno nos sacrificarían uno por uno.

Al escuchar pasos, me di vuelta y vi que se acercaba un hombre con una mascara tribal. Me obliga otra vez a ingerir la pasta, pero esta vez fingí tragarla. Me trasladaron a un lugar incierto, pero a medida que nos acercábamos, confirmé que era el lugar del ritual, a lo lejos se veía la humareda espesa yse sentía ese olor extraño. De inmediato se me ocurrió una idea, y empecé a fingir un dolor deestómago. Ni bien mi custodia tuvo un momento de duda, salí corriendo hacía cualquier dirección. Cuando pude escabullirme en un árbol, noté que a pesar de mi esfuerzo me habían encontrado, y ahora me apuntaban con arcos. Ante la orden de uno de ellos, comenzaron a lanzar flechas que me pasaban muy cerca, mi chance era mínima. Ni bien me muevo a otro escondite, una flecha me alcanzo el muslo, me la quito como puedo, pero siento un calor en la herida que me paraliza. Pasan unos minutos y no hay más flechas que atraviesen el bosque, entonces buscó un lugar para guarecerme. Encuentro una cueva donde había animales muertos y cadáveres de algunos colonos que acompañaron en el viaje. Me localizó un hombre de la tribu que de inmediato llamo a sus colegas. No tenía escapatoria.

En ese momento de desesperanza decidí aferrarme a todos aquellos lindos recuerdos con Beatriz, aprendí de toda la oscuridad vivida y en el peor momento de mi vida fui la persona más sensata.

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