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El Dr. Stein y sus malignos robots

 

 

Capítulo I

Había una vez un científico cuyo sueño era construir una fábrica de robots para que protegieran a las personas indefensas, pero para cumplir ese sueño necesitaba dinero. Fue al casino y apostó todos sus ahorros en la ruleta al número treinta y seis y ganó. Con el premio compró un terreno y construyó, allí, la fábrica de robots.    

Al poco tiempo, un trabajador deshonesto ideó un plan para controlar a todas las máquinas y, para eso, les colocó un tornillo que contenía un microchip. Cuando terminó con el trabajo todos los androides le obedecían.

Su plan maestro era dominar a la raza humana.   

 

Capítulo II

Este nuevo villano se hizo llamar Dr. Stein, y lo primero que hizo fue encarcelar a las personas más importantes de la ciudad. El primero de la lista de su plan perverso fue el Presidente, después siguió el equipo de fútbol de la ciudad y los jefes de policía, de esta manera la ciudad quedó indefensa.

Luego, el Dr. Stein se apoderó del dinero y las joyas de todos los bancos de la ciudad. Con esa fortuna contrató a los científicos más despiadados del mundo para mejorar a sus mortíferos robots; aquellos científicos que no querían ser parte del plan de Stein tuvieron que hacerlo igual ya que eran amenazados por los androides. Así, en poco tiempo, formaron un ejército implacable de guerreros de metal.

Lo siguiente que hizo fue apoderarse de los satélites de comunicación y de esta manera envió un video a todo el mundo con el siguiente mensaje: “Esta grabación está dirigida a todos los líderes del mundo. Mi nombre es Dr. Stein y tengo el ejército de robots más letal del mundo, por esa razón les exijo que parte de todas las riquezas de sus países sean enviadas a mi cuartel general. Quien no con cumpla con mis demandas los pulverizaré con mi nuevo invento: el rayo pulverizador 2.0”

Muchos de los líderes mundiales se rieron del Dr. Stein, pero de inmediato sufrieron las consecuencias de su arma maestra. Enseguida el resto de los países comenzaron a cumplir con las demandas del siniestro doctor.


Capítulo III

El científico que construyó la fábrica de robots ahora se encontraba recluido en una sucia y oscura prisión del malvado doctor. Con él estaba también su hijo Mateo, un joven fuerte y valiente que no dejaba alentar a su padre para escapar y combatir al Dr. Stein. Sin embargo, su padre no quería salir porque temía que el psicópata doctor eliminara a Mateo.

Una tarde, mientras los ingenieros desconectaban a los robots guardias para hacerles el mantenimiento, Mateo aprovechó la ocasión y con un plato vacío de comida le dio un fuerte golpe a uno de esos ingenieros y lo desmayó, enseguida se vistió como él.

Mateo aprendió a construir robots gracias a las enseñanzas de su padre, es por eso por lo que le resultaba muy fácil modificar a los tres robots guardias para que sean sus aliados.

Estaban a punto de escapar del bunker prisión del maléfico Dr. Stein cuando comenzó a sonar la alarma que activó el ingeniero golpeado. Un grupo de androides se acercaron a Mateo y su grupo de robots y le preguntaron que se identifique. Mateo leyó la tarjeta de identificación que colgaba del guardapolvo que le había robado al ingeniero, pero esa treta no sirvió para que los robots al servicio de Stein pudieran ser engañados. De pronto se pusieron en posición de ataque y cuando iban a capturar a Mateo, sus fieles robots lo defendieron.

La pelea fue muy ruidosa, cada uno utilizaba el armamento que tenían: todo terminó con un montón de chatarra humeante y la vía libre para que Mateo pudiera escapar.

 

Unos meses después, Mateo logró reunir a un grupo de personas para formar una resistencia contra el régimen opresor del Dr. Stein. Para lograrlo, Mateo inventó un arma paralizante de robots, que le permitía mantener quietas a las máquinas para así poder modificar su chip maligno. Poco a poco formó de esa manera el ejército de robots para la liberación mundial.

Cada androide que Mateo transformaba le daba información sobre los movimientos del ruin Dr. Stein y sus diabólicos proyectos. Y con todo eso, Mateo y su grupo de rebeldes, prepararon el asalto final al cuartel general del infame doctor.

 

Unos meses después, Mateo logró reunir a un grupo de personas para formar una resistencia contra el régimen opresor del Dr. Stein. Para lograrlo, Mateo inventó un arma paralizante de robots, que le permitía mantener quietas a las maquinas para así poder modificar su chip maligno. Poco a poco se formó de esa manera el ejército de robots para la liberación mundial.

Cada androide que Mateo transformaba le daba información sobre los movimientos del ruin Dr. Stein y sus diabólicos proyectos. Y con todo eso, Mateo y su grupo de rebeldes, prepararon el asalto final al cuartel general del infame doctor.


Capítulo IV

El Dr. Stein escribía sin parar en su computadora, trabajaba en un proyecto que le iba a permitir dominar el espacio exterior mediante el envío de naves robots a toda la galaxia. En eso estaba hasta que escuchó un fuerte estallido. Primero pensó que había fallado uno de sus inventos, pero para cuando supo que lo que ocurría era una invasión, tuvo mucho miedo.

El ejército de Mateo hizo volar el techo del cuartel general para que pudieran entrar sus leales robots. Los guardianes del Dr. Stein escucharon el ruido y fueron a combatir a los invasores. La batalla terminó en un montón de chatarra.

 En la confusión, Mateo aprovechó para rescatar a su padre, pero este estaba vigilado por robots sin cabeza a los que no se les podía cambiar el chip. Estos monstruos de hierro eran los más fuertes que tenía el Dr. Stein y no había manera de vencerlos. Cuando Mateo estaba a punto de caer en manos de los guardianes, estos se apagaron de repente. Mateo no sabía qué era lo que había pasado, hasta que vio a su padre con un aparato hecho con sobras de partes electrónicas que había juntado sin que sus captores se dieran cuenta. Este genial invento casero sirvió para vencer a los temibles robots sin cabeza.

Mateo se abrazó con su padre, pero sin perder tiempo llamaron al resto de los robots para hacer el ataque final. La batalla duró pocos minutos. Cuando entraron al bunker, el malvado Stein intentaba escaparse con una de sus naves robot, pero antes de poder subir, el padre de Mateo lo agarró de las solapas y le pegó una piña que lo dejó sentado de cola.

En poco tiempo el orden volvió a todo el mundo. Mateo y su padre fueron aclamados como héroes y al Dr. Stein le quedaban muchos años en la cárcel para pensar en sus próximos malévolos planes.

 

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