Había una vez una princesa que se llamaba Camila. Un día ella fue a la casa de su hermana Vanesa y cuando volvió a su casa le empezó a doler la panza y se fue al hospital. El doctor le dijo que estaba embarazada. Entonces la princesa le puso a su futuro bebé en caso de ser nena, Melani, y en caso de ser varón, Zac. Al final, cuando nació en el año 2013, la Princesa Camila se llevó la sorpresa de que la bebé era nena, y por eso la nombró Melanie.
Pasaron 4 años y a la princesa Camila le volvió a doler la panza y otra vez el nuevo embarazo trajo a una niña que se llamó Maia.
Un tiempo después, la Princesa Camila conoció a otro príncipe que era más apuesto, valiente y elegante que los otros príncipes que había conocido.
Cuando Melanie cumplió 10 años se volvió más traviesa: no quería comer la comida que le preparaba su mamá, molestaba a su hermana y en la escuela les pegaba pelotazos a sus compañeros en la cara y en la cabeza.
Por estos problemas, los papás de Melanie decidieron llevarla a un psicólogo. Esa fue una gran decisión porque a Melanie le hizo tan bien que le cambió la vida.
Ahora, Melanie empezó a ser más amable con los compañeros, también comía toda la comida que le preparaba su mamá, y por sobre todas las cosas, jugaba con su hermanita a pesar de que esta era muy molesta, pero Melanie había cambiado y tenía más paciencia.
Así fue que vivieron más felices que antes.
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