YO ESTABA CON MI
PAPÁ Y MI MAMÁ YENDO CON NUESTRO AUTO A LO DE CACHO, UN AMIGO DE LA FAMILIA QUE
SE HABÍA MUDADO HACÍA POCO A UN BARRIO LEJOS DEL NUESTRO. DIMOS MUCHAS VUELTAS
HASTA QUE MI PAPÁ DIJO: “ESTAMOS PERDIDOS”. YA SE HABÍA HECHO DE NOCHE Y
EMPEZABA A LLOVER MUY FUERTE. EL VIENTO SOPLABA TANTO QUE LOS ÁRBOLES PARECÍAN
A PUNTO DE QUEBRARSE. Y JUSTO, EN EL PEOR MOMENTO DE LA TORMENTA, SE NOS ACABÓ
LA NAFTA.

EL VIENTO
SOPLABA TAN FUERTE QUE MOVÍA AL AUTO DE UN LADO PARA EL OTRO. PARA COLMO LAS
CALLES SE INUNDABAN MÁS Y MÁS. CREÍAMOS QUE ESE SERÍA NUESTRO FIN.
MI MAMÁ TUVO LA
BRILLANTE IDEA DE LLAMAR A CACHO POR CELULAR, PERO A MI PAPÁ SE LE HABÍA
OCURRIDO ANTES UNA PEOR: DEJAR EL CELULAR SOBRE LA MESA DE LA COCINA. ENTONCES
EMPEZÓ LA DISCUSIÓN. QUE TE DIJE, QUE NO TE DIJE, QUE SIEMPRE LO MISMO, QUE NO
ME AVISASTE, QUE TE LO HABÍA DICHO, Y ASÍ ESTUVIERON UN RATO. MIENTRAS TANTO YO
TENÍA LAS UÑAS CLAVADAS EN EL ASIENTO A LA VEZ QUE MIRABA POR LA VENTANILLA
COMO PASABAN FLOTANDO COSAS POR LA CALLE COMO SI FUERA UN RÍO: BOTELLAS DE
GASEOSAS, UNA SILLA VIEJA, UNA ALMOHADÓN, UNA CAJA DE CARTÓN Y HASTA UN OSO DE
PELUCHE, QUE ME DIO MUCHA PENA.
ENTONCES, ENTRE
EL VIENTO QUE SOPLABA Y SILBABA FUERTE, LA LLUVIA QUE CAÍA COMO BALDAZOS DE
AGUA, LAS CALLES CONVERTIDAS EN ARROYOS, LOS ARBOLES DISFRAZADOS DE FANTASMAS Y
LOS GRITOS DE MIS PAPÁS, PASÓ ALGO ESPELUZNANTE: UNA FIGURA OSCURA SE ACERCÓ AL
AUTO, YO ERA EL ÚNICO QUE LA VEÍA Y CUANDO LLEGÓ, PAM, PAM, GOLPEÓ EL VIDRIO DE
LA VENTANILLA. TODOS PEGAMOS UN GRITO DE TERROR… HASTA QUE MI PAPÁ DIJO: “¡EY,
CACHITO, CÓMO ANDAS, MENOS MAL QUE LLEGASTE!”
MIENTRAS QUE MI
PAPÁ ENGANCHABA EL AUTO EN LA CAMIONETA DE SU AMIGO, YO NO SABÍA SI REIR O
LLORAR, POR ESO HACÍA UN POCO Y UN POCO.
AHORA SÍ, NOS PODÍAMOS IR A LA CASA DE CACHO, PERO ESTA HISTORIA DE
MIEDO, NUNCA LA IBAMOS A OLVIDAR.
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