Carlos se despierta todos los días a las siete de la mañana y, como siempre, toma un café antes de salir para el trabajo. Pero aquella mañana se despertó tarde, algo que nunca solía pasarle, él es una persona muy estructurada, que pone énfasis en la puntualidad y, más que nada, en la cordialidad. Ese simple motivo, alteró su día, ya que si él se hubiese despertado en horario, hubiera llegado a la parada del colectivo a tiempo, y por lo tanto a su trabajo. Cuando por fin termina de prepararse para salir, ya eran las siete y veinticuatro, y él tenía que llegar siete y media a la parada para tomar el colectivo a horario. En el camino de su casa hacia la parada, se choca con una mujer de unos 30 años; intercambian miradas por unos segundos que parecen eternos, se percibe una tensión entre los dos que se corta con un hilo.
Carlos se dio vuelta y con una voz imponente le dijo:
- ¡Mirá por dónde caminás!
La joven enseguida sintió que esa voz y ese tono imperativo ya lo había escuchado en algún otro momento, y sin embargo, no recordaba dónde.
- ¿Es tuya la vereda? -dice ella- vos también me chocaste.
- No, disculpame es que estoy llegando tarde a mi trabajo y arranqué mal el día.
- ¡Ah!, y por eso te la agarras con la primera persona que ves -contesta ella con ironía.
- Sí, puede ser. Estoy un poco intolerante… ¿Cómo te llamas?
- Sabrina, ¿y vos?
Carlos titubeó al responder, la situación lo había puesto nervioso. No esperaba que hubiera cierta atracción entre los dos.
- Carlos. ¿Querés que intercambiemos nuestros números? Así nos mantenemos en contacto.
Sabrina sabía que Carlos no había sido muy agradable, pero de todos modos accedió a intercambiar los números. Quería darle una segunda oportunidad
Semanas después, arreglaron para cenar en un restaurante de un amigo de él. La pasaron muy bien, y cerraron la noche durmiendo juntos.
Habían arreglado encontrarse de vez en cuando y hablarse siempre que tuvieran tiempo.
Sin embargo, pasaron los meses y Carlos estaba cada vez más distante. Ya casi no tenía tiempo para hablar durante la semana y menos para tener salidas.
Sabrina se preguntaba qué le habría pasado, pero no se animaba a preguntarle, ya que Carlos era muy cerrado sobre su vida privada. A penas sabía donde vivía, donde trabajaba, y por donde se movía.
El día de su cumpleaños, Sabrina, tenía pensado festejarlo con unas amigas de su adolescencia. Su mejor amiga del secundario, Ana, le regaló una tirada de cartas de tarot. El regalo la sorprendió, pero le vino muy bien, ya que ella tenía dudas con algunas cosas que ocurrían en de su vida, y tal vez esto la ayudaría.
Sabrina estaba bastante ansiosa por saber lo que tenía para decirle la tarotista. Ese día, la vidente le preguntó por su situación emocional y si salía con alguien. Ella le contó todo, y la tarotista le explicó que las cartas le advertían que, al igual que en otra vida, Sabrina salía con la misma persona. También le advirtió que aquella relación terminó muy mal por haber engañado al Carlos de la otra vida y él, en esta, buscaría venganza para sanar el sufrimiento del pasado. A ella le costó creerle a la vidente, sobre todo porque no entendía cómo se podían vincular las situaciones de dos vidas opuestas. La tarotista, le explicó lo inmenso e impredecible que puede ser el universo en esos aspectos. Le dijo que el universo de alguna manera se lo iba a cobrar, y que existía una balanza natural, que equilibra todas nuestras acciones, o sea que si vos haces el mal en algún momento te vuelve.
Pasaron dos meses, Sabrina y Carlos seguían sin comunicarse, él no aparecía y ella por su lado comenzaba a olvidarlo.
En un viaje por Perú Sabrina conoció a Natalia, una chica de La Plata. Un fin de de semana arreglaron para verse en la Plaza Islas Malvinas, de aquella ciudad.
Una vez en el parque, ni bien se encontraron se dieron un abrazo las dos estaban muy ya que habían deseado mucho este encuentro.
A eso de las siete de la tarde, cuando el sol empezaba a caer, decidieron ir a un bar. Al llegar a la esquina, Sabrina ve en la cuadra de enfrente a Carlos con una mujer y un niño. Sabrina comenzó a agitarse, la situación la tomó por sorpresa. En ese instante comprendió que la tarotista le había dicho la verdad. De alguna manera inexplicable, el destino dispuso este encuentro, o tal vez fue algo que simplemente yace de sus inconscientes, y que se presentó en esta vida y en este presente. Esto le enseñará a Sabrina, para el futuro, dejarse llevar por sus primeros instintos.
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